La cancha no estaba desierta.
La duela era ocupada.
No sabía que alguien lo observaba.
Pero se movía con gracia y agilidad.
Golpe, golpe, golpe, dribleo, vuelta, salto, canasta.
Las gotas de sudor bajaban con velocidad.
El viento golpeaba su rostro.
La brisa marina pegaban su camiseta.
Y él aún no notaba su presencia.
Golpe, golpe, golpe, dribleo, vuelta, salto, canasta.
Murió el movimiendo y rodó hacia sus pies.
Levantó la vista y alfin pudo verlo.
Sus ojos sesgados no mostraban sentimientos.
Pero como siempre, él lo ignoró.
Golpe, golpe, golpe, dribleo, vuelta, salto...
Falló
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario