Y estamos llegando al fin...
No el fin de año, ni el fin de cuarto, ni ninguna mierda llorona.
No. Siento que estoy llegando al fin de una gran etapa.
De un giro, de una vuelta al mundo, de algo especial.
Siento que en estos últimos meses he cambiado mas que en los últimos años.
Que las cosas me llegan menos y me duelen menos.
Que las cosas me llenan más y me divierten más.
Que en realidad nada es tan importante, tan real. Nada es tan verdadero.
Ningún sentimiento es especialmente importante.. no se.
Algunas cosas son tan efímeras, Algunas otras no lo son.
Es raro pensar aveces que las palabras no te alcanzan para decir lo que quieres decir.
Terminar de leer y sentir que algo falta para que verdaderamente llegue y queme.
Siento un sensación rica de alivio.
De pensar que algo viejo está terminando para algo nuevo empezar.
No se si será bueno o malo. Solo se que será diferente y eso me reconforta.
Me reconforta el hecho de que ya hice lo que hice y que por fin disfruté lo que debía disfrutar.
Ya no siento necesidad de pensar en otra cosa que no sea en mi.
Solo yo soy importante en estos momentos.
Y aunque egoísta e individualista, está sirviendo al ahora para mi.
De gente significativa y de personas que cambian.
Es verdad que hay gente que te cambia, y siento que este año conocí a tanta diferente que me cambió. Es verdad que hay personas que cambian, pero este año a sido tan de ensueño que los cambios me fueron pareciendo cada vez una cosa mejor.
Las circunstancias me hicieron mirar las cosas desde una perspectiva muy diferente. Y me dí cuenta que nunca alguien siempre tiene la razón.
Que todo es relativo, y depende del cristal con el que se mire.
Y me empezaron a molestar cosas.
Y me empezó a molestar aquella gente que anda por la vida diciendo cosas feas sin sentido.
Y me empezó a molestar la gente creyéndose alguien y pasando por encima de los demás. Jactanciosa de superioridad. Que es utópica. Que es irreal.
Que es tan como soy yo.
Todo te marca. Y me dí cuenta que este año me marcó de distintas formas, con distintas intensidades.
Aprendí a ser mas tolerante. A reírme por hacerlo. A valorar los pequeños detalles de la gente.
A disfrutar sonrisas, pero aún más las carcajadas. A disfrutar un abrazo y una mano en mi mano.
Aprendí lo que nunca había notado. Aprendí de gente que tiene un valor inconmensurable ahora para mi, y que en otras circunstancias no dudé en apartarlas de mi lado.
Apartar a quien ahora extrañamente necesito.
Y aunque se que me falta mucho para realmente disfrutar y ser feliz con este cambio, tengo mucho tiempo aún para hacerlo.
Debo confesar que disfruto con detalles tontos y enanos.
Que una conversación en el metro me hace inmensamente feliz.
Que estar con una persona 2 horas me hace alucinar 5.
Que una palabra en labios de niño me hace sonreír tontamente.
Debo confesar que este año nació como un juego.
Que no tenía claro si íbamos a llegar a buen puerto.
Que no estaba consiente de las vueltas que iba a dar mi yo.
Que no alcanzaba a visualizar lo significativo que sería.
Debo confesar que me abrí a una nueva perspectiva.
Que ahora río mas y sueño mas.
Que los problemas nunca son tan grandes.
Y las cosas nunca son tan importantes.
Debo confesar que me olvidé de decir gracias.
Que siempre olvido decir gracias.
Y aunque me cueste encontrar el momento, la ocasión, el lugar.
Y aunque me cueste dejar el orgullo y la careta.
Trataré de no olvidarlo más.
Pero aún no digo que los quiero.
Porque eso, como es probable, va a demorar mucho más.