27 octubre, 2007

Bendita parsimonia.

Capitulo I.

Se encontraba sentada en el sillón de la sala común.
Sus piernas ligeramente flectadas con armonía e inocente belleza.
El libro reposaba tranquilamente en su regazo, escondiendo los secretos de su mundo.
Mundo en el que había llegado casi por azar. De millones de individuos ella era especial.
Tenía un don, literalmente llamado magia interior.

Su cabello semirecogido en una media cola alta le daba un aspecto fresco.
Los rebeldes mechones que caían a los lados de su rostro enmarcaban un femenino rostro.
Femenino y adulto.
Había cumplido la mayoría de edad hace unos meses, condición que le daba ciertas libertades en su mundo.
La ponía en un estrato superior al resto de sus compañeros y extrañamente la hacía sentirse mas protegida del mundo. Aunque éste se encontrara en guerra, y su vida corriera constante peligro.

De inteligencia innata, ella nació con un don.
No solamente el de saberse la bruja mas inteligente de su edad, según las palabras del difunto padrino de su mejor amigo.
No. Ella tenía algo. Una estrella, un ángel, una chispa.
Miles de nombre para lo inmaterial que poseía. Una fuerza interna, virtud indescriptible.
Era la capacidad de ser fresca, espontanea y estar siempre alerta.
Tenía una pasión desesperante por las reglas.
Reglas que al final manejaba para el beneficio propio, y al de sus seres queridos.
Ella hacía sus reglas, y manejaba la realidad a su antojo.
No tenía dinero ni influencias. Pero a diferencia de muchos, tenía la inteligencia para hacerlo.

Respiró profundo y estiró un poco una de sus piernas. El mínimo pantalón que usaba para dormir se le desarregló, no le tomó importancia. Se dió el tiempo de subir con despreocupación el tirante de su polera. Se desperezó un poco y reacomodó su cuerpo en aquel sillón.
Su favorito. El que quedaba justo en frente de la chimenea. Al que le llegaba la cantidad de luz perfecta para que sus ojos no se cansaran en sus largas noches de lectura. Aquel que le permitía centrar su atención solo en lo que su libro contenía, que habitualmente era "lectura liviana" para sus TIMOs.
Además que tenía un ángulo perfecto hacia el cuadro de la entrada. Podía ver perfectamente cuando alguien entraba o salía de esa habitación. Aunque en realidad ese alguien solo podría tratarse del otro premio anual. Y talvez los amigos de éste.

Suspiró. Estaba ya cansada de leer.
Había estado toda la tarde haciéndolo y en condiciones normales podría seguir incluso toda la noche. Pero después de las últimas noches de desvelo no le quedaban energías ya para eso.
Estiró los brazos por sobre su cabeza y se relajó. Concentró su atención en las paredes. A decir verdad desde que entró a esa habitación en Septiembre pasado por primera vez, no había podido pasar un día sin que su atención se desviara al papel tapiz.
Mezclados con bendita parsimonia se unían dos colores especialmente representativos y mágicos. Verde y Dorado. De serpientes y Leones. Que ironía.

Ironías...
Ese había sido un principio de curso con muchas ironías. El destino se estaba encargando de cobrarle ciertas deudas. Merlín decidió poner las variables en su contra. Éste curso sería recordado por ella siempre. No solo por ser su séptimo año, no por ser para su desgracia el último, no por vivir atemorizados por la guerra.
No. éste curso sería recordado por ser un curso cargado de ironías.
Sonrió, era increíble como su manera de vivir había cambiado. Tuvo que madurar, aún mas, en poco menos de un mes. Tuvo que acostumbrarse a vivir con un hombre, compartir con un hombre, trabajar con un hombre, y más que nada soportar a ESE hombre, e IGNORAR a ESE hombre.
Si no ubiese tomado la actitud paciva, crítica, madura, lógica, inteligente, conciliadora y superior (carácterísticas que la hacían destacar, según ella, por sobre él), ubiese terminado lanzando un Avada Kadavra contra su propio reflejo.

Bufó. Pasó con marcada irritación su mano derecha por sobre su cabello, arreglando los traviesos mechones en su rostro con el gesto.
Sería Hermione... la joven, tolerante y prometedora bruja que no sobrevivió a la presión y al asco de convivir y soportar a un hombre. No. No hombre,... mas bien un animal. Un pequeño, malvado, rastrero, asqueroso, y odioso hurón saltarín.

Sintió que alguien murmuraba la contraseña y el cuadro comenzaba a moverse. Su anteriormente armoniosa y elegante postura calló junto con su cuerpo en el sillón de forma frustada y cansada.
Estaba perdida...
Este año sería, definitivamente, y para su desgracia... tortuosamente largo.




To be continued...

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